No pocas veces ocurre que ante una emoción del otro, de la otra persona, tendemos a calmar, o consolar, o decir algo que inhibe la expresión.

Seguramente lo hacemos con la intención de ayudar a que recupere el control de si mismo, su centro, y también quizás actuamos desde la propia dificultad de sostener la emocionalidad de la otra persona.

Este es un aprendizaje: aprender a sostener la situación y saber acompañar, alentando a expresar y profundizar sin miedo.

¿Te es más fácil compartir tus emociones o recibir la de los demás?

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